De esta manera, Strongbox se convierte en una oportunidad para The New Yorker de mejorar y aumentar el volumen de sus investigaciones. Sí, podemos abrir en este punto el semptinerno debate del peligro de las fuentes anónimas y la posibilidad de la manipulación interesada de la información auspiciada por ese anonimato. No confundamos el debate (razonable) sobre un concepto (el anonimato de las fuentes) y lo llevemos a cuestionar el medio (Strongbox).
El debate no debe estar tanto en si permitimos canales anónimos de este tipo sino en la responsabilidad del periodista a la hora de tratar las fuentes anónimas y comprobar todo; ya que éstas deben ser sólo una alerta que desate las investigaciones con las que conseguir los hechos contrastables que luego se publiquen. Pero, lo dicho, eso es otro tema.
Cuando tenía 10 años…
… pasaba horas en mi habitación. En ese momento yo no era consciente, pero estaba intentando decidir qué quería ser de mayor. Comencé recortando los periódicos que mi padre compraba y creaba lo que pensaba que algún día sería el archivo de referencia sobre la historia del Real Madrid. Ambicioso que es uno.
Como con esa edad lo que te sobra es tiempo, no tardé en comenzar a escribir periódicos sobre lo que me rodeaba. Yo era todo. Maquetaba las páginas con mi regla, ilustraba las páginas con mis más que prescindibles dibujos y escribía las secciones en que, por aquel entonces, se trataban los temas más importantes para mi planeta. Lo tenía muy claro, iba a ser periodista.
Cuando tenía 18 años…
… me cambié de habitación (y de ciudad). Llegué a la universidad y continué escribiendo. Llegó Internet a mi vida y durante un tiempo mantuve tres blogs con un envidiable nivel de actualización. Escribía de Fórmula 1, de cine y de periodismo.
Sin embargo, lo más importante que me pasó mientras estudiaba fue la oportunidad de conocer alguna redacción, en especial la de “El Faro de Cartagena“. Allí aprendí lo poco que realmente sé de este mundillo. Dejé de lado el deporte y comencé en el universo del periodismo local. Estar cerca de la gente y contar sus historias. No entiendo como tardé tanto dar ese paso, nunca se me dieron bien los deportes. Esa redacción está ahora vacía, como tantas otras. Yo salté del barco cuando ya comenzaba a cobrarse mal -y tarde, muy tarde-.
No tardé en hacerme mayor de golpe. Fue el día en que me colocaron una beca gris, me dijeron que ya era periodista y que no hacía falta que volviera a la universidad al día siguiente. ¿Cómo? ¿Así sin más? ¿Y qué hago yo ahora los jueves por la noche?
Cuando tenía 22 años…
… me ofrecieron la oportunidad de pasarme al lado oscuro de la comunicación, el de la comunicación corporativa, y mudarme a Barcelona. Como toda tentación que se precie, dudé mucho en aceptar. Fue una decisión que me cambió, pero tan poco a poco que ni me di cuenta. Primero dejé de escribir de Fórmula 1. Después abandoné el mundo del cine. Sólo aguantó el periodismo, aunque a duras penas.
Ayer cumplí 27 años…
… y ya no paso tanto tiempo en mi habitación. Ahora centro mi día a día en la gestión de personal, la creación de nuevas líneas de negocio, la formación en el ámbito de las redes sociales y la planificación estratégica del uso de “lo digital” para organizaciones. Cosas que me gustan, me dan de comer y, encima, quedan bien en una tarjeta.
Veo la foto que mi madre tiene en el salón del día que me pusieron esa beca gris. Poco queda de aquello. Ya tiré aquel archivo de recortes de periódico que prometía ser enciclopédico en una de mis mudanzas. En mi última casa lo que se apilan ahora son los vinilos de la música que no puedo sacar de mi cabeza, las botellas de vino y ginebra (vacías) que han marcado los momentos que hay que recordar y más revistas y libros de los que me da tiempo a leer.
Ya no dedico el tiempo que dedicaba antes al deporte ni a la información local. Ahora paso más tiempo leyendo sobre gastronomía, vino y otros placeres. No sé si será reflexionando sobre estos temas, sobre lo poco que sé de la vida o las cuestiones que suelen tratarse en este pobre blog, que lleva años arrastrándose. Lo que sí sé es que quiero volver a escribir.
Vivimos la nueva era del GIF. Ya lo dijo Tumblr, uno de los principales culpables de la vuelta de este “prehistórico” formato de imagen, el año 2012 fue el año del GIF. Y los medios no le han dado la espalda. Este fenómeno ha llegado a las redacciones, que utilizan este recurso especialmente en las coberturas de eventos en directo. Sin duda, si tuviese que mostrar mi favorito en estas artes, debo señalar a Buzzfeed, que desde los Grammy hasta los Oscar no ha dejado de emplear estas animaciones para contar las cosas a su manera. Más allá del chascarrillo, el uso de los GIFs no es algo exclusivo de “nuevos medios”. The New York Times se ha animado con el tema, varias veces.
Hasta aquí, nada nuevo. Ya nos hemos acostumbrado a los gatitos moviéndose y a las alfombras rojas animadas. Pero hoy descubro en Poynter como en NPR se han lanzado a explicar la tecnificación del proceso de hacer y embolsar patatas fritas apoyados por GIFs.
¿Es esto una revolución en el mundo del contenido? De verdad, ¿alguien se lo ha llegado a plantear? Me preocuparía. En cualquier caso, no me digáis que no es hipnótico ver cómo embolsan patatas fritas de esta manera. Sin embargo, y más allá de la simpatía y la anécdota en torno a este formato, que tiene su puntual razón de ser, no nos volvamos locos. No hay tira de GIFs que pueda sustituir a un video bien realizado y una galería de fotos profesional. Pero claro, hacer esto, más allá de lo trendy, es más fácil (y barato).
En conclusión, GIFs sí, pero para algunos temas de actualidad concretos. Porque los GIFs no deben ser una alternativa al contenido multimedia de calidad.
El foco está en las tabletas. A juzgar por lo que vemos en la página que adelanta el primer paso del rediseño de The New York Times, la conclusión es clara. Se han basado en ellas para plantear una experiencia común a todas las pantallas. Un diseño que apuesta por la convergencia con su desarrollo en base a un diseño adaptativo (responsive web design). Un ejercicio de simplicidad que comienza por la vista de artículos y reportajes, que será la primera parte que cambiarán y cuyo aspecto han adelantado hoy.
Un diseño limpio, con un gran protagonismo de los elementos gráficos y multimedia, que comprime sus secciones y opciones en elementos desplegables y emergentes. Un foco en la experiencia de lectura, congregando en un segundo nivel los elementos de acción y navegación.
Una nueva “article experience” que me parece acertada, atractiva y bien organizada. Lo crucial será cuando den el siguiente paso y piensen en la experiencia integral de uso. En que tengan que afrontar el reto completo. Con la mente puesta en el cambio de USA Today, quizás el más grande acometido en estos últimos tiempos por uno de los grandes del periodismo tradicional, quiero ver lo que hace la Dama Gris. El de los primeros, pese a todo sus colores e innovaciones, no me convence. Espero mucho más de The New York Times.
A la espera del rediseño global
Apuesto por una solución en esa línea, pero más limpia, menos apabullante que la del USA Today. En cualquier caso, parece que tendremos que esperar. Primero van a ir abriendo este rediseño de la vista de artículo a un grupo de usuarios y seguir redefiniendo su rediseño en base al feedback que éstos le den.
¿Innovación? No mucha. Pero, realmente, ¿hace falta? Con respecto a su actual diseño es un gran cambio, sin duda, pero no trae nada que no hayamos visto en cientos de sites y aplicaciones. No llegan los primeros pero, a juzgar por lo poco que se puede ver de momento, parecen que van a llegar mucho mejor que bastantes de los que aún están pivotando para conseguir una experiencia multipantalla acertada y óptima. Estaremos esperando.
Lo reconozco, cada día soy más de revistas. Me cansan los periódicos, sus fórmulas encorsetadas y su falta de disrupción. Su incapacidad para amoldarse a los nuevos hábitos de consumo. No lo tienen fácil, lo sé. Pero eso es otro tema. Hoy he venido a hablar sobre revistas. Impresas, sí. Hablo mucho de plataformas online, de medios digitales y de tabletas, pero el papel está vivo y tiene futuro. Eso tiene que quedar claro.
Oda a las revistas
Fanzines culturales, revistas de moda, de “estilos de vida”, de deportes… Las devoro. Todas las que puedo. Como no lo había hecho nunca. Hablo de grupos de comunicación como SpainMedia que, capitaneado por Andrés Rodriguez, consigue un buen nivel en ediciones patrias de cabeceras históricas como Esquire; algo que se confirma con el anuncio de la llegada de la mítica Forbes a nuestro país de su mano. Hablo también de grupos de “locos” que han creado cosas como Jot Down, que está sacando del horno su segundo número, o como Panenka, que ya ha cumplido un año de vida. Hablo de mirar más allá de nuestras fronteras, donde encontramos cosas como Monocle, ese compendio de cultura, diseño, negocios, estilo, arquitectura, infraestructuras, viajes, mundo y vida -sí, yo la veo así- creado por Tyler Brûlé.
Las revistas se adecuan mucho más a mis hábitos de consumo de papel
Hay mucho más. Tanto que se me hace imposible llevar todas mis lecturas de revistas al día. Un trabajo pendiente del que disfruto los fines de semana de tiempo libre y sofá. Porque abogan por la profundidad, apuestan por el detalle y me hacen huir de la locura de la información del día a día, con la que ya lidio desde las pantallas. Todo es cuestión de reposo y perspectiva.
Las revistas como vía de salvación de los periódicos
No he venido aquí a hablar del futuro de los periódicos pero no me aguanto a dejar un apunte. Sólo propongo un papel que no compita con Internet, que utilice otros formatos y otras periodicidades y cuyo objetivo sea ser coleccionado. Una receta que ya explicó hace poco Nacho Escolar cuando anunció que, entre sus planes, estaba editar una versión en papel de eldiario.es. Entre el monográfico trimestral que él tiene en mente -lo que viene siendo una revista- al periódico diario hay muchos puntos intermedios. Hay espacio para probar, ¿por qué no intentarlo?
Magpile, la excusa elegida para hablar de revistas
Bueno, ¿y todo este post por qué viene motivado? Porque he descubierto Magpile. ¿Qué es? Una comunidad de amantes de las revistas. Un completo directorio que van construyendo sus usuarios. Perfiles de publicaciones de todo el mundo con cada uno de sus números. Críticas y opiniones… En definitiva, un recomendable paraíso para cualquier loco de estas publicaciones.